Paula y Jose se nos han casado. Y lo han hecho pisando suave, sin ruído, como la brisa de amor que los envuelve. Y es que el amor no necesita parafernalias, ni exhibicionismos, ni explicaciones...; sencillamente se vive y se muestra, vestido de estreno, a los más cercanos, y se celebra con ellos. Y después, a lo largo de la vida, se cultiva, se recrea, fermenta en el espacio que ofrece la intimidad del silencio..., y se derrama, y se expande, y se contagia... (¡Qué cursi me ha salido!) Para rematar, ahí os van, con todo cariño, unos versos paridos en noches de insomnio:
Amor es amar,
es nacer y estrenar,
y empezar cada día de nuevo;
es sorpresa, es proyecto, es deseo…
El amor es un juego:
es mirar y esconder la mirada,
es lágrima y perdón,
es caricia y es beso,
amaneceres con luz
y nieve de invierno.
Amor es cogerse a la mano del otro
y pisar el mismo sendero
sembrado de estrellas.
Amor es sonrisa y es llanto,
es tormenta y es calma,
es plenitud y es fiesta
y es sal, y es agua, y es fuego,
y un arco iris de almas abiertas.
Amor es cavar en la tierra
y sembrar cada día una flor, un ¡te quiero!.
Amor es romper el hielo de ayer
y sorber el calor del reencuentro.
Amor es temor, confianza,
es dar fuerzas al viento
y remar, y remar mar adentro
tú y yo, con la misma luz,
con los mismos proyectos,
respetando el espacio del otro,
respirando el aroma del otro
“dejándonos ir, dejándonos siendo”…